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	<title>Cuentos de {Miedo} ¬ Historias de Terror</title>
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	<description>Suspenso y Miedo son el pan nuestro de cada dia - Miedo en los Cuentos e Historias de Terror - Los Enigmas y Documentos mas Extra&#241;os</description>
	<pubDate>Fri, 01 Feb 2008 07:35:31 +0000</pubDate>
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		<title>Ciudad de las brujas</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Feb 2008 07:34:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cadec_py</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Leyendas Urbanas]]></category>

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		<description><![CDATA[ Hola, soy una chica de telde. telde es un municipio de las palmas de gran canaria. desde hace siglos, esta ciudad es conocida como &#8220;la ciudad de las brujas&#8221; debido a que había muchas brujas en el municipio. aún hoy, se pueden encontrar en los barrancos del municipio cosas muy extrañas, como gallinas muertas, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><font face="Verdana, Arial, Helvetica, sans-serif"><font color="#000000"><font size="2"> Hola, soy una chica de telde. telde es un municipio de las palmas de gran canaria. desde hace siglos, esta ciudad es conocida como &#8220;la ciudad de las brujas&#8221; debido a que había muchas brujas en el municipio. aún hoy, se pueden encontrar en los barrancos del municipio cosas muy extrañas, como gallinas muertas, muñecas con clavos y otras cosas, lo que significa que aún hoy se practica la brujería.<span id="more-62"></span><br />
una de las muchas historias de brujas que conozco me la contó mi madre. hace alrededor de cincuenta años, un vendedor de carbón iba por la plaza vendiendo carbón y una anciana le pidió un kilo. el vendedor se lo puso y a la hora de pagar le advirtió de que el precio había subido. la anciana se enfadó un poco y le dijo:<br />
esto es un abuso. deberías de estar una semana sin poder llegar a tu casa.<br />
el vendedor la dijo que eso era lo que había y que si le parecía un abuso no se lo comprara y punto.<br />
después de eso el vendedor siguió con su ronda. cuando fue a volver a su casa, se dio cuenta de que estaba perdido. había entrado sin darse cuenta en una especie de callejón donde todas las paderes eran blancas. el vendedor intentó encontrar la salida pero mientras más la buscaba más perdido se sentía. era como si estubiese atrapado en un laberinto.<br />
cuando llegó a su casa ya era muy tarde, estaba empezando a amanecer. entró en su casa, y su mujer al verle empezó a llorar y le abrazó.<br />
el vendedor no se podía creer lo que le había pasado. llevaba una semana desaparecido, la policía lo había estado buscando por toda la isla y no lo habían podido encontrar.<br />
el vendedor les explicó que se había perdido en unos callejones blancos que él nunca había visto, que en ese sitio no había nadie, sólo él, ni siquiera había viviendas&#8230;pero no podía explicar cómo había estado una semana fuera, ya que para él sólo habían pasado unas horas. entonces, recordó las palabras de la anciana&#8230;<br />
sólo decirles una última cosa. la noche de san juan es cuando más hechizos se hacen, es la noche en la que las brujas se reunen y yo las he visto&#8230;detrás de mi casa hay un descampado donde suelen hacer hogueras, matan gallinas, baifos y se ponen a hacer unos cánticos alrededor de la hoguera.<br />
yo creo que después de África y latinoamérica, en telde es donde más brujería se practica.</font></font></font></p>
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		<title>A Imagen y Semejanza</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Jan 2008 07:22:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cadec_py</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Terror]]></category>

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		<description><![CDATA[Era la última hormiga de la caravana, y no pudo seguir la ruta de sus compañeras.  Un terrón de azúcar había resbalado desde lo alto, quebrándose en varios terroncitos. Uno de éstos le interceptaba el paso. Por un instante la hormiga quedó inmóvil  sobre el papel color crema. Luego, sus patitas delanteras tantearon [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><font color="#999999">Era la última hormiga de la caravana, y no pudo seguir la ruta de sus compañeras.  Un terrón de azúcar había resbalado desde lo alto, quebrándose en varios terroncitos. Uno de éstos le interceptaba el paso. Por un instante la hormiga quedó inmóvil  sobre el papel color crema. Luego, sus patitas delanteras tantearon el terrón.<span id="more-61"></span><br />
</font></p>
<p><font color="#999999">Retrocedió, después se detuvo. Tomando sus patas traseras como casi punto fijo  de apoyo, dio una vuelta alrededor de sí misma en el sentido de las agujas de  un reloj. Sólo entonces se acercó de nuevo. Las patas delanteras se estiraron,  en un primer intento de alzar el azúcar, pero fracasaron. Sin embargo, el rápido  movimiento hizo que el terrón quedara mejor situado para la operación de carga.<br />
</font></p>
<p><font color="#999999">Esta vez la hormiga acometió lateralmente su objetivo, alzó el terrón y lo  sostuvo sobre su cabeza. Por un instante pareció vacilar, luego reinició el  viaje, con un andar bastante más lento que el que traía. Sus compañeras ya  estaban lejos, fuera del papel, cerca del zócalo. La hormiga se detuvo,  exactamente en el punto en que la superficie por la que marchaba, cambiaba  de color. Las seis patas hollaron una N mayúscula y oscura. Después de una  momentánea detención, terminó por atravesarla. Ahora la superficie era otra  vez clara. De pronto el terrón resbaló sobre el papel, partiéndose en dos.<br />
</font></p>
<p><font color="#999999">La hormiga hizo entonces un recorrido que incluyó una detenida inspección  de ambas porciones, y eligió la mayor. Cargó con ella, y avanzó. En la ruta,  hasta ese instante libre, apareció una colilla aplastada. La bordeó lentamente,  y cuando reapareció al otro lado del pucho, la superficie se había vuelto  nuevamente oscura porque en ese instante el tránsito de la hormiga tenía lugar  sobre una A. Hubo una leve corriente de aire, como si alguien hubiera soplado.<br />
</font></p>
<p><font color="#999999">Hormiga y carga rodaron. Ahora el terrón se desarmó por completo. La hormiga  cayó sobre sus patas y emprendió una enloquecida carrerita en círculo. Luego  pareció tranquilizarse. Fue hacia uno de los granos de azúcar que antes había  formado parte del medio terrón, pero no lo cargó. Cuando reinició su marcha no  había perdido la ruta. Pasó rápidamente sobre una D oscura, y al reingresar en  la zona clara, otro obstáculo la detuvo. Era un trocito de algo, un palito acaso  tres veces más grande que ella misma. Retrocedió, avanzó, tanteó el palito, se  quedó inmóvil durante unos segundos. Luego empezó la tarea de carga. Dos veces  se resbaló el palito, pero al final quedó bien afirmado, como una suerte de  mástil inclinado. Al pasar sobre el área de la segunda A oscura, el andar de  la hormiga era casi triunfal. Sin embargo, no había avanzado dos centímetros  por la superficie clara del papel, cuando algo o alguien movió aquella hoja  y la hormiga rodó, más o menos replegada sobre sí misma. Sólo pudo reincorporarse  cuando llegó a la madera del piso. A cinco centímetros estaba el palito.<br />
</font></p>
<p><font color="#999999">La hormiga avanzó hasta él, esta vez con parsimonia, como midiendo cada séxtuple  paso. Así y todo, llegó hasta su objetivo, pero cuando estiraba las patas delanteras,  de nuevo corrió el aire y el palito rodó hasta detenerse diez centímetros más allá,  semicaído en una de las rendijas que separaban los tablones del piso. Uno de los  extremos, sin embargo, emergía hacia arriba. Para la hormiga, semejante posición  representó en cierto modo una facilidad, ya que pudo hacer un rodeo a fin de  intentar la operación desde un ángulo más favorable. Al cabo de medio minuto,  la faena estaba cumplida. La carga, otra vez alzada, estaba ahora en una posición  más cercana a la estricta horizontalidad. La hormiga reinició la marcha, sin  desviarse jamás de su ruta hacia el zócalo. Las otras hormigas, con sus  respectivos víveres, habían desaparecido por algún invisible agujero. Sobre  la madera, la hormiga avanzaba más lentamente que sobre el papel. Un nudo,  bastante rugoso de la tabla, significó una demora de más de un minuto. El  palito estuvo a punto de caer, pero un particular vaivén del cuerpo de la  hormiga aseguró su estabilidad. Dos centímetros más y un golpe resonó. Un  golpe aparentemente dado sobre el piso. Al igual que las otras, esa tabla  vibró y la hormiga dio un saltito involuntario, en el curso del cual, perdió  su carga. El palito quedó atravesado en el tablón contiguo. El trabajo siguiente  fue cruzar la hendidura, que en ese punto era bastante profunda. La hormiga se  acercó al borde, hizo un leve avance erizado de alertas, pero aún así se precipitó  en aquel abismo de centímetro y medio. Le llevó varios segundos rehacerse, escalar  el lado opuesto de la hendidura y reaparecer en la superficie del siguiente tablón.<br />
</font></p>
<p><font color="#999999">Ahí estaba el palito. La hormiga estuvo un rato junto a él, sin otro movimiento  que un intermitente temblor en las patas delanteras. Después llevó a cabo su  quinta operación de carga. El palito quedó horizontal, aunque algo oblicuo con  respecto al cuerpo de la hormiga. Esta hizo un movimiento brusco y entonces la  carga quedó mejor acomodada. A medio metro estaba el zócalo. La hormiga avanzó  en la antigua dirección, que en ese espacio casualmente se correspondía con la  veta. Ahora el paso era rápido, y el palito no parecía correr el menor riesgo de  derrumbe. A dos centímetros de su meta, la hormiga se detuvo, de nuevo alertada.  Entonces, de lo alto apareció un pulgar, un ancho dedo humano y concienzudamente  aplastó carga y hormiga.<br />
Mario Benedetti</font></p>
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		<title>La Mascara de la Muerte Roja</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Jan 2008 07:17:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cadec_py</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Terror]]></category>

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		<description><![CDATA[Durante mucho tiempo, la &#8220;Muerte Roja&#8221; había devastado la comarca. Jamás peste alguna fue tan fatal, tan horrible. Su encarnación era la sangre: el rojo y el horror de la sangre. Se producían dolores agudos, un repentino vértigo, luego los poros rezumaban abundante sangre, y la disolución del ser. Manchas púrpuras en el cuerpo y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><font color="#363636">Durante mucho tiempo, la &#8220;Muerte Roja&#8221; había devastado la comarca. Jamás peste alguna fue tan fatal, tan horrible. Su encarnación era la sangre: el rojo y el horror de la sangre. Se producían dolores agudos, un repentino vértigo, luego los poros rezumaban abundante sangre, y la disolución del ser. Manchas púrpuras en el cuerpo y particularmente en el rostro de la víctima, segregaban a ésta de la humanidad y la cerraban a todo socorro y a toda compasión. La invasión, el progreso y el resultado de la énfermedad eran cuestión de media hora.<span id="more-60"></span><br />
</font></p>
<p><font color="#363636">Pero el príncipe Próspero era feliz, intrépido y sagaz. Cuando sus dominios perdieron la mitad de su población, llamó a un millar de amigos fuertes, vigorosos y alegres de corazón, escogidos entre los caballeros y las damas de su corte, y con ellos formó un refugio recóndito en una de sus abadías fortificadas. Era una construcción vasta y magnífica, creación del propio príncipe, de gusto excéntrico y, no obstante, grandioso. La rodeaba un espeso y elevado muro, y este muro tenía puertas de hierro. Una vez que entraron en ella los cortesanos, se sirvieron de hornillos y de mazas para soldar los cerrojos. Resolvieron atrincherarse contra los súbitos impulsos de la desesperación del exterior y cerrar toda salida a los frenesíes del interior. La abadía fue abastecida ampliamente. Gracias a estas precauciones, los cortesanos podían desafiar al contagio. Que el mundo exterior se las compusiera como pudiese. Entretanto, sería una locura afligirse o meditar. El príncipe había provisto aquella morada de todos los medios de placer. Había bufones, improvisadores, danzarines, músicos, hermosura en todas sus formas, y había también vino. Dentro, había todas estas bellas cosas, y además, seguridad. Fuera, la &#8220;Muerte Roja&#8221;.<br />
</font></p>
<p><font color="#363636">Ocurrió hacia el fin del quinto o sexto mes de su retiro, y en tanto que la plaga, afuera, hacía los más terribles estragos, el príncipe Próspero obsequió a sus mil amigos, con un baile de máscaras de la mas insólita magnificencia.<br />
</font></p>
<p><font color="#363636">¡Qué voluptuoso cuadro el de aquel baile de máscaras! Permítaseme en primer lugar describir las salas donde tuvo lugar. Había siete; una hilera imperial. En muchos palacios, estas series de salones forman largas perspectivas en línea recta cuando los batientes de las puertas se abren de par en par, de tal manera que la mirada penetra hasta el fondo sin obstáculo. Aquí, el caso era muy diferente, tal y como podría esperarse de parte del duque y de su gusto y preferencia por lo bizarre. Las salas se encontraban tan irregularmente dispuestas, que la mirada no podía abarcar sino una sola a la vez. Al cabo de un espacio de veinte o treinta yardas se presentaba un brusco recodo, y en cada una de estas revueltas un aspecto diferente. A derecha e izquierda, en medio de cada pared, una alta y estrecha ventana gótica daba a un corredor cerrado que seguía las sinuosidades del aposento. Cada ventana ostentaba vidrios de colores en armonía con el tono dominante del decorado de la sala sobre la cual se abría. La que ocupaba la extremidad oriental, por ejemplo, estaba decorada en azul, y los ventanales eran de un azul vivo. La segunda sala estaba decorada y guarnecida de color púrpura, y las vidireras eran asimismo de color púrpura. La tercera, enteramente verde, y verdes las ventanas. La cuarta, anaranjada, estaba iluminada por una ventana del mismo color. Y 1a quinta, blanca; y la sexta, violeta. La séptima estaba rigurosamente forrada de colgaduras de terciopelo negro, que revestían techo y muros y recaían en pesados pliegues sobre un tapiz de la misma tela y del mismo color. Pero únicamente en esta sala, el color de las ventanas no correspondía al de la decoración. Los cristales eran escarlata, de un color intenso de sangre.<br />
</font></p>
<p><font color="#363636">Ahora bien, en ninguna de estas salas veíase lámpara ni candelabro alguno, entre los adornos de oro esparcidos con profusión o suspendidos de los techos. Ni lámparas, ni; velas; ninguna luz de esta clase en la larga serie de salas. Pero, en los corredores que las rodeaban, y exactamente enfrente de cada ventanal, se levantaba un enorme trípode con un ígneo brasero que proyectaba sus rayos al través de los cristales de color e iluminaba la sala de una manera deslumbrante. Producíanse así una multitud de aspectos cambiantes y fantásticos. Pero, en la sala del lado poniente, en la cámara negra, la claridad del brasero, que se reflejaba sobre las negras colgaduras a través de los cristales sangrientos, era terriblemente siniestra, y les daba a las fisonomías de los imprudentes que allí entraban un aspecto de tal modo extraño, que muy pocos bailarines se sentían con el valor suficiente para entrar en aquel mágico recinto.<br />
</font></p>
<p><font color="#363636">También en esta sala erguíase, apoyado contra el muro del oeste, un gigantesco reloj de ébano. Su péndulo se balanceaba con un tictac sordo, pesado, monótono; y cuando la aguja de los minutos había recorrido el cuadrante y la hora iba a sonar, salía de los pulmones de bronce de 1a máquina un sonido claro, estrepitoso, profundo y excesivamente musical, pero de un timbre tan particular y de una energía tal, que de hora en hora los músicos de la orquesta se veían obligados a interrumpir durante un instante sus acordes para escuchar la música de las horas, y las parejas que bailaban cesaban por fuerza sus evoluciones. Una perturbación momentánea recorría a toda aquella alegre multitud, y mientras sonaban las campanas podía notarse que palidecían hasta los más vehementes, y los más sensatos y de más edad se pasaban la mano por la frente como si se hundieran en meditaciones o en ensueños febriles. Pero, apenas desaparecían del todo aquellos ecos, circulaba por toda la asamblea una leve hilaridad; los músicos se miraban los unos a los otros, sonreíanse de sus nervios y de su locura, y se juraban por lo bajo entre ellos que la próxima vez que sonaran las campanadas, no sentirían la misma impresión; y luego, cuando, después de la huida de los sesenta minutos que comprendían los tres mil seiscientos segundos de la hora pasada, se escuchaban de nuevo las campanas del fatal reloj, se producía la misma turbación, el mismo escalofrío y las mismas ensoñaciones febriles.<br />
</font></p>
<p><font color="#363636">Pero a despecho de todo esto, la orgía continuaba alegre y magnífica. El gusto del duque era muy especial. Tenía un ojo certero en lo tocante a los colores y sus efectos. Desdeñaba los gustos de la moda. Sus planos eran temerarios y salvajes y sus concepciones brillaban con un esplendor bárbaro. Hay personas que lo hubieran juzgado loco. Pero sus cortesanos sabían bien que no lo estaba; pero era preciso comprenderlo, verlo, tocarlo para estar seguro de que, en efecto, no lo estaba.<br />
</font></p>
<p><font color="#363636">Con ocasión de esta gran fiesta, se había ocupado personalmente de la decoración y del mobiliario de las siete salas, y fue su gusto personal el que dirigió el estilo de los disfraces. No cabía duda de que eran concepciones grotescas. Era deslumbrador, brillante; había cosas chocantes, fantásticas; mucho de lo que después se ha visto en Hernani. Había figuras verdaderamente arabescas con siluetas y ropajes incongruentes; fantasías monstruosas como la locura; había mucho de bello, de licencioso, de extraño, algo de terrible y no poco de lo que podría producir repugnancia. En resumen, era como una multitud de sueños que se pavoneaban de un lado a otro por las salas. Y estos sueños se contorsionaban en todos sentidos, tomando el color de las salas; hubiérase dicho que la extraña música de la orquesta era el eco de sus propios pasos. Y, de tiempo en tiempo, se oye el reloj de ébano de la sala de terciopelo. Y entonces, durante un momento, todo se detiene, todo enmudece, excepto la voz del reloj. Los sueños se quedan helados, paralizados en sus posturas. Mas los ecos de la sonería se desvanecen, no duraron sino un momento, y, apenas huyen, una hilaridad leve y mal contenida circula por doquier. Y la música suena de nuevo, reavívanse los sueños; aquí y allá los danzarines se retuercen más alegremente que nunca, reflejando el color de las ventanas a través de las cuales fluyen los rayos de los trípodes. Pero ninguna cara osa ahora aventurarse en aquella sala que queda allá, al oeste; porque la noche ha avanzado y una luz más roja fluye al través de los cristales de color de sangre, y la negrura de las colgaduras fúnebres es aterradora; y para aquél que ponga el pie sobre la negra alfombra, brota del reloj de ébano un resonar más pesado, más solemnemente enérgico que el que llega a los oídos de las máscaras que se divierten en las salas más apartadas.<br />
</font></p>
<p><font color="#363636">Pero en estas otras salas había una densa multitud y el corazón de la vida latía allí febrilmente. Y la fiesta continuaba siempre su torbellino, cuando al cabo sonaron los tañidos de medianoche en el reloj. Entonces, como ya se dijo, calló la música y se detuvieron las evoluciones de los que bailaban; se produjo donde quiera, como antes, una ansiosa inmovilidad. Pero el tañido del reloj debía ahora componerse de doce campanadas. Por eso fue tal vez que, teniendo más tiempo, se insinuó una mayor cantidad de pensamientos en las meditaciones de los pensativos que se hallaban entre los que se divertían. Y quizás por eso mismo muchas personas de entre la multitud, antes de que se ahogaran en el silencio los últimos ecos de la última campanada, tuvieron tiempo de notar la presencia de una máscara que hasta ese momento no había llamado la atención de nadie. Y habiendo corrido en un susurro la noticia de aqúella intrusión, se suscitó entre la concurrencia un cuchicheo, un murmullo significativo de asombro y desaprobación, y luego, por último, de terror, de horror y de repugnancia.<br />
</font></p>
<p><font color="#363636">En una reunión de fantasmas como la que he descrito, era preciso sin duda una aparición del todo extraordinaria para causar tal sensación. La licencia carnavalesca de aquella noche, era, a la verdad, casi ilimitada; pero el personaje en cuestión había sobrepasado la extravagancia de un Herodes, y franqueado los límites, muy amplios, no obstante, del decoro impuesto por el principe. Hay en los corazones más temerarios, cuerdas que no se dejan tocar sin emoción. Incluso entre los depravados, entre aquellos para quienes la vida y la muerte son igualmente un juego, hay cosas con las que no se puede jugar. Toda la concurrencia pareció entonces sentir profundamente el mal gusto y la inconveniencia de conducta y de vestido de aquel extraño. El personaje era alto y delgado y estaba envuelto en un sudario de la cabeza a los pies. La máscara que ocultaba su rostro representaba tan bien el semblante de un cadáver rígido, que el análisis más minucioso difícilmente hubiera descubierto el artificio. No obstante, todos aquellos locos alegres hubieran podido soportar, si no aprobar, aquella burda broma. Pero la máscara había llegado hasta a adoptar el tipo de la Muerte Roja. Sus vestiduras estaban manchadas de sangre, y su amplia frente, lo mismo que los rasgos de su rostro, estaban salpicados del horror escarlata.<br />
</font></p>
<p><font color="#363636">Cuando los ojos del príncipe Próspero cayeron sobre esta figura espectral, la que, con movimientos lentos, solemnes, enfáticos, como para mejor representar su papel, se paseaba por aquí y por allá entre los que bailaban, se le vio, en primer lugar, conmoverse por un violento estremecimiento de terror y de asco; pero un segundo después, su frente enrojeció de ira.<br />
</font></p>
<p><font color="#363636">¿Quién se atreve, preguntó con voz ronca a los cortesanos que se hallaban junto a él, quién se atreve a insultarnos con esa ironía blasfema? ¡Apoderaos de él y desenmascaradle! ¡Que sepamos a quién hemos de ahorcar en nuestras almenas al salir el sol!<br />
</font></p>
<p><font color="#363636">Era en la sala del este, o sala azul, donde se encontraba el príncipe Próspero cuando pronunció estas palabras. Resonaron fuerte y claramente a través de los siete salones, porque el príncipe era un hombre imperioso y robusto y la música había enmudecido a una señal de su mano.<br />
</font></p>
<p><font color="#363636">Era en la sala azul donde estaba el príncipe, con un grupo de pálidos cortesanos a sus lados. Primero, mientras él hablaba, hubo entre el grupo un leve movimiento de avance en dirección del intruso, quien durante un momento estuvo casi al alcance de sus manos, y que ahora, con paso deliberado y majestuoso, se acercaba más y más al príncipe. Pero, por cierto terror indefinible que la audacia insensata de la máscara había inspirado a todos los allí reunidos, no hubo nadie que pusiera la mano en ella, aun cuando, sin encontrar ningún obstáculo, pasó a dos pasos de la persona del príncipe; y en tanto que la inmensa asamblea, como si obedeciera a un solo movimiento, retrocedía del centro de la sala a las paredes, la máscara continuó su camino sin interrupción, con aquel mismo paso solemne y mesurado que la había singularizado desde el principio, de la sala azul a la sala púrpura, de la sala púrpura a la sala verde, de la verde a la anaranjada, de ésta a la blanca, y de la blanca a la violeta, antes de que nadie hiciera un movimiento decisivo para detenerla. Fue entonces, cuando el príncipe Próspero, exasperado de ira y de vergüenza por su momentánea cobardía, se lanzó precipitadamente a través de las seis salas sin que nadie lo siguiera, porque un terror mortal se había apoderado de todo el mundo. Blandía un puñal y se había aproximado impetuosamente a una distancia de tres o cuatro pasos del fantasma que se batía en retirada, cuando éste, llegado a la proximidad de la sala de los terciopelos, se volvió bruscamente y afrontó a quien lo perseguía. Sonó un grito agudo, y el puñal se deslizó relampagueante sobre la alfombra fúnebre, donde el príncipe cayó muerto un segundo después. Entonces, invocando el frenético valor de la desesperación, una multitud de máscaras se precipitó a la vez en la sala negra, y, asiendo al desconocido que se mantenía, como una gran estatua, rígido e inmóvil a la sombra del reloj de ébano, se sintieron sofocados por un terror sin nombre, al ver que no había ninguna forma palpable bajo el sudario y la máscara. Todos reconocieron entonces la presencia de la Muerte Roja. Había venido como un ladrón en la noche.<br />
</font></p>
<p><font color="#363636">Y todos los convidados cayeron uno a uno en las salas de orgía manchadas de sangre y cada uno murió en la postura desesperada de su caída. Y 1a vida del reloj de ébano desapareció con la del último de aquellos alegres seres. Y las llamas de los trípodes se extinguieron. Y las Tinieblas, y la Ruina, y la Muerte Roja tuvieron sobre todo aquello ilimatado dominio.<br />
Edgar Allan Poe<br />
</font></p>
<p><font color="#363636">Así como una jornada bien empleada<br />
produce un dulce sueño, así una vida<br />
bien usada causa una dulce muerte.<br />
Leonardo Da Vinci<br />
</font></p>
<p><font color="#363636">No le temo a la muerte,<br />
sólo que no me gustaría<br />
estar allí cuando suceda.<br />
Woody Allen<br />
</font></p>
<p><font color="#363636">La guerra es una masacre entre gente que<br />
no se conoce para provecho de gente que<br />
sí se conoce pero que no se masacra.<br />
Paul Valèry</font></p>
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		<title>La Muerte Está Sentada</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Jan 2008 07:07:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cadec_py</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Misterios y Enigmas]]></category>

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		<description><![CDATA[Mi cama está deshecha: sábanas en el suelo
y frazadas dispuestas a levantar el vuelo.
La muerte dice ahora que me va a hacer la cama.
Le suplico que no, que la deje deshecha.
Ella insiste y replica que esta noche es la fecha.
Se acomoda y agrega que esta noche me ama.
Le contesto que cómo voy a ponerle cuernos
a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Mi cama está deshecha: sábanas en el suelo<br />
y frazadas dispuestas a levantar el vuelo.<br />
La muerte dice ahora que me va a hacer la cama.<br />
Le suplico que no, que la deje deshecha.<span id="more-59"></span><br />
Ella insiste y replica que esta noche es la fecha.<br />
Se acomoda y agrega que esta noche me ama.<br />
Le contesto que cómo voy a ponerle cuernos<br />
a la vida. Contesta que me vaya al infierno.<br />
La muerte está sentada a los pies de mi cama.<br />
Esta muerte empeñosa se calentó conmigo<br />
y quisiera dejarme más chupado que un higo.<br />
Yo trato de espantarla con una enorme rama.<br />
Ahora dice que quiere acostarse a mi lado<br />
sólo para dormir, que no tenga cuidado.<br />
Por respeto me callo que sé su mala fama.<br />
La muerte está sentada a los pies de mi cama.<br />
Óscar Hahn<br />
La muerte es algo que no debemos temer porque,<br />
mientras somos, la muerte no es y cuando<br />
la muerte es, nosotros no somos.<br />
Antonio Machado<br />
La muerte llama, uno a uno, a todos los hombres<br />
y a las mujeres todas, sin olvidarse de uno solo<br />
-¡Dios, qué fatal memoria!-, y los que por ahora<br />
vamos librando, saltando de bache en bache como<br />
mariposas o gacelas, jamás llegamos a creer que<br />
fuera con nosotros, algún día, su cruel designio.<br />
Camilo José Cela</p>
<h1></h1>
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		<title>Fantas de Hoy</title>
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		<pubDate>Thu, 29 Nov 2007 14:27:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cadec_py</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Fotos de Fantasmas]]></category>

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		<description><![CDATA[Siempre encontramos fantasmas manifestandose.
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			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.laventanasecreta.com.ar/?pp_album=main&amp;pp_cat=default&amp;pp_image=35.jpg" title="35"><img src="http://www.laventanasecreta.com.ar/wp-content/photos/thumb_35.jpg" class="pp_empty" alt="35" width="130" height="106" /></a>Siempre encontramos fantasmas manifestandose.</p>
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		<title>La Mano Invisible</title>
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		<pubDate>Mon, 25 Jun 2007 20:12:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cadec_py</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Misterios y Enigmas]]></category>

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		<description><![CDATA[Alguna vez, en la familia de Lorena ya había ocurrido que a sushermanas les habían acariciado el pelo, la espalda o inclusoempujado&#8230; La noche en que le ocurrió a Lorena este breve episodiodormía sola. Compartía habitación con su hermana pequeña, pero ella noestaba.
Se abrazó a la almohada, dejándose llevar por el sueñoestirada y con el [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><font face="Comic Sans MS">Alguna vez, en la familia de Lorena ya había ocurrido que a sushermanas les habían acariciado el pelo, la espalda o inclusoempujado&#8230; La noche en que le ocurrió a Lorena este breve episodiodormía sola. Compartía habitación con su hermana pequeña, pero ella noestaba.<br />
Se abrazó a la almohada, dejándose llevar por el sueñoestirada y con el rostro hacia el techo. La almohada estaba agarradapor su brazo izquierdo, y allí permació todo el tiempo.<br />
Cuando ya estaba empezando a dormirse ocurrió:<br />
Ungolpe seco debajo de su ombligo y encima de su pubis la despertó degolpe. Casi se levantó pero no lo hizo, tan solo permaneció quietamirando a su alrededor y analizándolo todo: la almohada no había sido,seguía abrazada a su izquierda&#8230; estaba sola, nadie había tenidotiempo de entrar, pegarle y luego salir&#8230;<br />
Pensó y recordóotro episodio, cuando un fin de semana se había marchado con unosamigos a celebrar un weekend en una casa de Icona en mitad de unamontaña de Ayora. Todos iban a ponerse hasta arriba de tripis, peroella no lo hizo. Tenía el suyo, pero no lo tomó, simplemente lo guardó.<br />
La casa tenía apenas dos habitaciones: donde se dormía -unamplio cuarto donde había tirado en el suelo un colchón de matrimonio yuna litera de madera-, y el salón, donde se pensaban correr la juerga.<br />
Menos una pareja que se marchó a la habitación, el resto permaneció enel salón tomando tripis, fumando porros y bebiendo alcohol. La fiestano acabaría hasta el día siguiente. Lorena, por algún extraño motivo,no hizo nada de eso, y decidió irse a dormir.<br />
No era cómodotumbarse allí con aquella pareja que -si bien no estaban haciendo nada-sí buscarían algo de intimidad, pero por algún motivo que ni ellasabía, Lorena decidió tumbarse en una esquina de la litera, con elcuerpo pegado a la madera, los brazos flexionados en dirección hacia sucabeza, sin apenas un sólo hueco por el que alguien pudiera hacer loque hizo: tocarle el pecho.<br />
No recordaba si era el izquierdo oel derecho cuando me lo contó, pero sí recordaba la sensación de pánicoque sintió. Algo había tocado su pecho como si lo amasara, y no habíaespacio entre sus brazos para conseguir tal hazaña.<br />
También enaquella ocasión, tras sentir un escalofrío en la espalda y  notar cómoabría desmesuradamente los ojos por el miedo, analizó la situación. Lapareja seguía tumbada en su rincón, y no había nadie más.<br />
Sudeterminación fue más que sorprendente. Se dijo: si tengo que sufriralucinaciones, al menos que sea con un tripi en el cuerpo.Curiosamente, el resto de la noche no le ocurrió nada más. Se comió sutripi, bebió alcohol y se rió con el resto de su grupo.</font></strong></p>
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		<title>un rostro bien definido</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Apr 2007 20:59:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cadec_py</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Fotos de Fantasmas]]></category>

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		<description><![CDATA[
Un extraño rostro entre         los árboles. ¿Casualidad?
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><font size="2" face="Arial"><a href="http://www.laventanasecreta.com.ar/?pp_album=main&amp;pp_cat=fantasmas&amp;pp_image=fantasma08.jpg" title="rostro"><img src="http://www.laventanasecreta.com.ar/wp-content/photos/thumb_fantasma08.jpg" class="pp_empty" alt="rostro" width="130" height="104" /></a><br />
Un extraño rostro entre         los árboles. ¿Casualidad?</font></p>
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		<title>En una Fiesta de Cumpleaños</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Apr 2007 20:46:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cadec_py</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Fotos de Fantasmas]]></category>

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		<description><![CDATA[
¿Es esto un fantasma o un         sobre exposición?
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.laventanasecreta.com.ar/?pp_album=main&amp;pp_cat=fantasmas&amp;pp_image=fantasma07.jpg" title="cumplea&ntilde;os"><img src="http://www.laventanasecreta.com.ar/wp-content/photos/thumb_fantasma07.jpg" class="pp_empty" alt="cumplea&ntilde;os" width="91" height="130" /></a></p>
<p><font size="2" face="Arial">¿Es esto un fantasma o un         sobre exposición?</font></p>
]]></content:encoded>
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		<title>un hombre de la epoca medieval</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Apr 2007 20:40:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cadec_py</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Fotos de Fantasmas]]></category>

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		<description><![CDATA[
Un clásico fantasma en un         viejo caserón
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.laventanasecreta.com.ar/?pp_album=main&amp;pp_cat=fantasmas&amp;pp_image=fantasma06.jpg" title="medieval"><img src="http://www.laventanasecreta.com.ar/wp-content/photos/thumb_fantasma06.jpg" class="pp_empty" alt="medieval" width="106" height="130" /></a></p>
<p><font size="2" face="Arial">Un clásico fantasma en un         viejo caserón</font></p>
]]></content:encoded>
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		<title>una niña el la tv</title>
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		<pubDate>Fri, 27 Apr 2007 20:36:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>cadec_py</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Fotos de Fantasmas]]></category>

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		<description><![CDATA[
¿Es un fantasma lo que se         ve invertido en el televisor?
]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><a href="http://www.laventanasecreta.com.ar/?pp_album=main&amp;pp_cat=fantasmas&amp;pp_image=fantasma05.jpg" title="ni&ntilde;a tv"><img src="http://www.laventanasecreta.com.ar/wp-content/photos/thumb_fantasma05.jpg" class="pp_empty" alt="ni&ntilde;a tv" width="130" height="99" /></a></p>
<p><font size="2" face="Arial">¿Es un fantasma lo que se         ve invertido en el televisor?</font></p>
]]></content:encoded>
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